28/02/2020 - 11/04/2020
AMÈRICA

EL GIRO LITERAL DE FERNANDO GARCÍA
Carlos Pardo

En uno de sus cuadernos catalanes, a la vez documento del proceso de esta exposición y de otras de sus inquietudes (por ejemplo, de la exhaustiva lectura de la poesía de Luis Cernuda), Fernando García anota la siguiente frase de Henri Matisse: “El mismo hecho de ver es una operación creadora y exige un esfuerzo”. Así, la mirada se convertiría en una disciplina; en cierto sentido, en una tradición. Esta frase me ha recordado otra de Goethe, escrita cuando el autor, ya viejo, se encontraba cada vez más entusiasmado con la posibilidad de un gran arte de circunstancias: “Hay poca gente que posea la fantasía necesaria para captar la veracidad de lo real”.
Ambas frases complementarias resumen la defensa de la proximidad en la obra de Fernando García. “Si tienes limones, haz limonada”, había escrito a propósito de su exposición de 2013, “José del Río y Los Endrinales”, cuyo título ya incidía en la literalidad de su proyecto: los nombres de las calles de los sucesivos estudios del artista. Las obras nacían apegadas a unas condiciones concretas, un contexto.
Pero, si en aquella muestra todavía podía percibirse algo parecido a un plan previo, la posible reconstrucción de un imaginario popular español, estos años han decantado la práctica de García, volviéndola a un tiempo más esencial y abierta a la sorpresa del encuentro imprevisto. Lo popular ya no es un propósito de restauración, sino el propio hábitat del que surge la obra: chapas de cerveza utilizadas como arandelas por su pura función en el equilibrio de la estructura; y por su cercanía, también práctica.
De la misma manera, la insistencia en una lectura literal ha forzado a García a una de sus más originales propuestas de fondo. Una resiginificación de la figura del artista alérgica, de igual manera, a la pomposa fórmula romántica y a su variación mercantil.
Para García la labor del artista es de una literalidad aplastante: hace obras de arte. En cierto sentido, es un trabajador. El artista se mancha las manos, crea rutinas, toma como medida los elementos cotidianos: las piedras, los días, las huellas. Pero, lejos de la simplificación premoderna que llevaría de vuelta a la tentación de la artesanía, la práctica del artista, e incluso su trabajo físico, ponen en marcha un sistema de relaciones con el acervo del arte; no entendido tanto como una “historia” del arte, sino como una “experiencia” del arte.
Por ejemplo, cada día, desde su casa del Maresme, García baja a la playa y recoge una piedra. El trabajo es también un empleo del tiempo. A veces no son piedras, sino una lata, una granada. En ocasiones no está en su casa, puede incluso considerarse que el artista veranea. ¿Está un artista alguna vez de vacaciones? También ese día recoge una piedra. El proceso es tan concreto que bordea la parodia. Pero es un calendario. Debe imponer un orden a los amontonamientos de residuos. A partir de las piedras crear un sentido: en este caso, un juego de verticalidad. Entonces se piensan las escaleras. Y cada escalera tiene ochenta peldaños, cuarenta de subida y cuarenta de bajada. Los peldaños cubren una temporalidad tan azarosa como real: desde el 1 de abril al 31 de diciembre de 2019. Con dos cúspides, el 15 y 16 de agosto. Un precario equilibrio del sentido narrativo, biográfico. También escatológico. Una espiral. “Triunfo de la escultura barroca”, anota García en su cuaderno.
Otro ejemplo: hay un cuadro que sólo pinta los lunes, otro que sólo pinta los martes, hay un cuadro por cada día de la semana. Todos repiten el mismo patrón: tres franjas horizontales. A la vez, son el resultado de la abstracción de un paisaje de mar, arena y bosque; y de los campos de color de la pintura americana de la segunda mitad del siglo XX. Los cuadros se dividen, a su vez, en pinceladas verticales y horizontales. Un trabajo de sobreescritura. La pintura crea sus propios ritmos: el deslizarse de pintura nueva en tela plana, el grumo de pintura abigarrada. La superposición ralentiza la obra. Como salir de una autopista a una carretera secundaria, dice García. De nuevo, la pintura es un calendario: la quintaesencia de la representación del tiempo. O de la huella literal del tiempo, y no su representación.

Tercer ejemplo. García dialoga con un artista, Joan Hernández Pijuan. Pero, como en otras ocasiones (como en sus homenajes a la Escuela de Vallecas), el diálogo se realiza desde un lugar lateral. A García le interesan las circunstancias de la obra, un contexto que no trasciende. Una caducidad entendida desde el centro de una concepción fuerte del arte. Se ha desviado del homenaje evidente y lo que encuentra, en este caso la huella dactilar de la esposa del pintor Joan Hernández Pijuan, es más interesante que una intención previa. Ese es el trabajo del artista: ordenar lo existente y cargarlo de sentido. Y, de manera imprevista, éste se convierte en el más fino homenaje a la dualidad de la pintura del propio Hernández Pijuan: por un lado, la tentación del paisaje (una nube, un árbol), por otro la depuración de siglos de lenguaje pictórico en una exaltación monocroma.
*
Reconozco en Fernando García dos reacciones que me hacen escribir esto con pies de plomo. Primero, su alergia a que un discurso cada vez más despegado y enfático acabe sustituyendo a las obras en sí. Frente a las metáforas incompletas, lo suyo es un esfuerzo de literalidad y de regreso al terreno. Además, la segunda reacción es una estrategia de despiste. ¿Cómo debemos entender, si no, el título de esta exposición? Él mismo lo explica: he lanzado una boya por si acaso mi proceso de trabajo me llevaba a otro sitio. Lo gracioso es que la boya se ha lanzado lejos, pero el trabajo le ha llevado de vuelta a su hábitat más próximo. Así, AMÈRICA, con el acento abierto del catalán, es antes un anzuelo que una boya, una ficción reordenada con la paciencia del trencadís modernista catalán, una segregación fantástica del entorno, la más fantástica e irreal de todas las ensoñaciones (como la Amerika de Franz Kafka), un MacGuffin.
A su manera, es la estrategia de un humorista que se toma muy en serio su obra, y muy poco en serio las pretensiones que la rodean. Que parece confiar, por volver a las citas iniciales de Matisse y de Goethe, en que miramos con un ojo educado también en la sospecha, con el esfuerzo (físico) de la mirada y una decantación de siglos de experiencia del arte. Pero lo que buscamos ya debería estar ahí al primer golpe de vista.
“Ve. Mira.”, termina diciendo un famoso poema de Luis Cernuda. Y aunque me hace gracia pensar que la presencia del poeta en los cuadernos catalanes de Fernando García no es accidental, temo que hilar tan fino estorbe el gozo de la pura presencia de estas obras.

Under the title AMÈRICA, Fernando García presents his third solo exhibition at Heinrich Ehrhardt Gallery. Four routines, which could be understood as formal or mechanical sorting exercises, articulate the main axes of the exhibition: collecting stones; painting vertical and horizontal lines to form a grid; imagining frames of relationship with artistic references; and pasting small pieces of paper next to each other.
These four repetitive acts are the basis not only of this work but also the routine of García’s entire artistic activity over recent years. Repetitions aimed at awakening a certain liberation with a basis in the mechanical, and interpreting this logic as a pretext through which the artist, absorbed in and aware of his particular practice, explores the uncontrolled.
AMÈRICA is an idea of experience and a recreation of the enjoyment of that experience. It is a calendar. If routines and the results that come from them have been essential to García’s work method in recent times, now routine becomes almost evasive, a great interrogation that incites unsuspected outcomes. Routine and serendipity as a material formulation of time.
The exhibition is arranged around four different bodies of work.
On the one hand are two staircases that function as diagrams and explain how things work. The two constructions, full of stones placed on each of the steps and landings, obey that first routine of collecting and dating stones. At first, this practice does not have a specific objective but eventually establishes the framework of action on which the work finds its reason for being. On the other hand, a series of paintings composed on the basis of three bands are presented, related to the idea of creating infinite vertical and horizontal lines. It is again a calendar, ordered according to the successive interventions on seven paintings, each one produced in different sessions distributed among the days of the week. The same painting on Mondays, another painting on Tuesdays and so on. To return, for example, every Sunday to a painting that was left in suspension seven days ago means breaking the very rule of the game on which this practice is established, taking up the painting again a week later but breaking its succession or continuity. At the same time, AMÈRICA presents another series of paintings that are linked to artistic references in relation to the pictorial space, ‘the nucleus and the void’, and the correspondence between monochrome, landscape and nature. Finally, a group of collages or exhibition posters close the routine of these repetitive practices, in this case centred on the idea of making mosaics by gluing together thousands of small pieces of paper.

By faithfully following a pattern, things suddenly change. From a hieratic and firm sculpture one passes to hallucinatory psychedelia; from white monochrome surfaces to compositions and variegated plots of lines and colours. The logic established between the immobility of a stone and an element of circulation and continuous movement like a staircase is striking. The ascent and descent, one thing after the other, is elemental in García’s work. With stairs, as now, but also with circles, spirals and pyramids, he has confronted these circular and repeated routines. The origin of this exhibition is also found in the idea of a route, walk or promenade as an activity in itself, of landscapes of prickly pears and tangerines. By means of contemplative calendars that seem to be discoveries, Fernando García constructs both his own habitat and ours in an indefinite and solitary temporal movement, which as Juan Muñoz has said, is where everything happens, ‘in those hours when nothing happens; if there was a theme, it would be that experience’.

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Fernando García - AMÈRICA (2020)
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Fernando García - AMÈRICA (2020)
Vista de instalaciónInstallation view
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Fernando García - Lunes (19-11-2018 ... 20-1-2020)
Óleo sobre linoOil on linen - 162 x 114 cm
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Fernando García - Martes (13-11-2018 ... 21-1-2020)
Óleo sobre linoOil on linen - 162 x 114 cm
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Fernando García - Miércoles (14-11-2018 ... 22-1-2020)
Óleo sobre linoOil on linen - 162 x 114 cm
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Fernando García - Jueves (22-11-2018 ... 23-1-2020)
Óleo sobre linoOil on linen - 162 x 114 cm
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Fernando García - Viernes (15-3-2019 ... 24-1-2020)
Óleo sobre linoOil on linen - 162 x 114 cm
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Fernando García - Sábado (16-3-2019 ... 25-1-2020)
Óleo sobre linoOil on linen - 162 x 114 cm
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Fernando García - Domingo (17-3-2019 ... 26-1-2020)
Óleo sobre linoOil on linen - 162 x 114 cm
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Fernando García - Escalera-Calendario 1 (1-4-2019 al 14-8-2019)
Madera, tornillos, alambre, chapas, corcho, caucho, cuero y piedrasWood, screws, wire, sheets, cork, rubber, leather and stones - 450 x 120 x 160 cm
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Fernando García - AMÈRICA (2019)
Detalle de la exposiciónDetail of the installation
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Fernando García - AMÈRICA (2019)
Detalle de la exposiciónDetail of the installation
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Fernando García - Escalera-Calendario 2 (1-4-2019 al 14-8-2019)
Madera, tornillos, alambre, chapas, corcho, caucho, cuero y piedrasWood, screws, wire, sheets, cork, rubber, leather and stones - 450 x 120 x 160 cm
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Fernando García - AMÈRICA (2019)
Detalle de la instalaciónDetail of the installation
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Fernando García - AMÈRICA (2019)
Detalle de la instalaciónDetail of the installation
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Fernando García - AMÈRICA (2019)
Vista de instalaciónInstallation view
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Fernando García - Retrato en Magenta, Retrato en Índigo, Retrato en Tierra Rosa y Retrato en Pardo van Dyck Homenaje a Joan Hernández Pijuan (Huella dactilar de la esposa del pintor) (16-11-2019)
Óleo sobre lino. 130 x 230 cm cada unoOil on linen. 130 x 230 each one
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Fernando García - AMÈRICA (2020)
Vista de la exposiciónInstallation view