13/12/2014 - 14/01/2015
Thomas Werner. End of the Cool, 2014

La Galería Heinrich Ehrhardt presenta la segunda exposición individual del pintor alemán Thomas Werner.
Ambas exposiciones celebradas en Madrid, la primera en el año 2006 y esta segunda entre el 2014 y el 2015, muestran las diferencias y paralelismos que constata la evolución inherente a la propia pintura.

En el caso de Thomas Werner, la muestra actual, más que suponer un cambio de registro consciente en su formulación pictórica, se trata de un devenir lógico, una fluctuación más o menos acusada que demuestra el carácter dinámico de su trabajo. Si ya desde hace unos años, las pinturas contenían, a nivel individual, un halo cambiante y móvil, el análisis más global de un cuerpo de trabajo más extenso denota con más fuerza el sinuoso recorrido que Werner emprende en cada una de sus fases de producción pictórica.

Para esta exposición titulada End of the Cool, como posible guiño al distanciamiento de cierta frialdad que contenía su pintura anterior, el espectador se enfrenta a una selección de cuadros cuya impronta irradia una presencia menos enrevesada que algunos trabajos anteriores. Los colores más planos se apoderan ahora de extensas zonas de las telas, los brochazos son quizás menos ambiguos y mucho más rotundos y la figura desaparece casi por completo. Así, se construye un discurso que se mantiene firme en otras cuestiones propias del trabajo de Werner como la complejidad de significados y formas, el simbolismo de la imagen o la veladura. Es difícil discernir en sus cuadros aquello que se encuentra delante y lo que se encuentra detrás; la presencia directa de la pintura se esconde con lo que deslumbra desde más allá; es complicado distinguir el reflejo y la luz, de lo tangible y matérico. Las imágenes se desvanecen en el cuadro mientras los colores se esconden para aparecer y desaparecer tanto en el mismo cuadro como en los demás. Enfoques, desenfoques y desplazamientos. Los motivos y las formas parecen arrastrarse de un lado al otro, saltando y repitiéndose en engañosos encuadres que una vez sugieren algo y otras plantean lo contrario. Los cuadros de Thomas Werner se presentan de una manera pero se desarrollan de otra. Dejan entrever que lo que percibimos no es la imagen misma sino simplemente un rastro casi evaporado.

El ejercicio óptico al que incitan sus obras parte de una concepción de la representación, de la mirada y de su significado muy conceptual. A pesar de que el juego estético se desarrolle en base a recorridos visuales en los que el ojo se deposita en el devenir de la propia pintura, en su aparición y desaparición, el punto de partida incluye una hipótesis teórica en la que incluso lo invisible participaría activamente en el proceso experimental de la construcción de lo que denominamos imágenes. Cuadros que actúan como espejos o ventanas, que muestran más, o menos, según se de, aquello que realmente se está mirando. Impresiones que generan mundos de texturas, aterciopeladas o ásperas, que muestran una pintura en apariencia brillante que se deposita sobre superficies secas y crudas, casi pegajosas, generando un llamativo contraste. El acto de ver es inquietante en la pintura de Thomas Werner. Se ve pero no se distingue. Traspasar las primeras capas luminosas u oscuras para descubrir la profundidad de la luz o los depósitos de pintura escondida supone descubrir un universo de trucos y sugerencias realmente placentero. Al final y al cabo, entre pintura brillante y colores luminosos, entre telas de yute áspero y acuarelas veladas, aparece una pintura construida en base a sus contradicciones, sus irregularidades, sus zonas de calma y de ímpetu…pintura fenomenológica convertida en el recorrido de un flanêur entre la multitud. Diferentes ritmos y discrepancias, frío y calor que hacen de su pintura un estimulante balanceo.

The Heinrich Ehrhardt Gallery presents the second solo exhibition of the work of German painter Thomas Werner.

Both of the exhibitions staged in Madrid (the rst took place in 2006 while this second show is being held between 2014 and 2015) show the di erences and parallels revealed by the evolution inherent in the painting itself.

In Thomas Werner's case, what we see in this current show is a logical process of becoming rather than a conscious change of style in the formulation of his pictures, a more or less marked uctuation that reveals the dynamic nature of his work. Although, considered individually, his paintings have contained a changing and moving aura for some years, a more comprehensive analysis of a more extensive body of work shows more clearly the winding path that Werner undertakes in each stage of his pictorial production.

For this exhibition, entitled 'End of the Cool' as a possible nod to his decision to distance himself from a certain coolness contained in his earlier paintings, the spectator is confronted with a selection of pictures which give o an impression of a less complex presence than some of his earlier works. Flatter colours now invade broader stretches of the canvas, the brushstrokes are perhaps less ambiguous and more rounded and gures have disappeared almost completely. Thus, a discourse is constructed that continues to express itself in other characteristics of Werner's work, such as the complexity of meanings and forms, the symbolism of the image, or the use of glazes. It is di cult to make out what is in front and what is behind in his paintings. The direct presence of the painting is hidden by that which dazzles us from further away. It is tricky to distinguish between the re ection and the light, the tangible and the material. The images are dispersed in the painting while the colours hide in order to appear and disappear both in the same painting and in others. Focus, lack of focus, and displacements. The motifs and forms appear to drag themselves from one side to the other, jumping and repeating themselves in deceptive framings that now suggest one thing and now the opposite. Thomas Werner's paintings are presented in one way but develop in another. They suggest that what we perceive is not the image itself but an almost evaporated trace.

The optical exercise that his works urge us to undertake stems from a conception of representation, the gaze, and its highly conceptual meaning. Although the aesthetic game unfolds on the basis of visual journeys in which the eye settles on the transformation of the painting itself, its appearance and disappearance, the starting point includes a theoretical hypothesis in which even the invisible participates actively in the experimental process of constructing what we call images. These are paintings which act as mirrors or windows, which show more or less of what we are really looking at, depending on the circumstances. Impressions that generate worlds of velvety or rough textures, that show seemingly glossy paint settling on dry and coarse, almost sticky, surfaces, creating a striking contrast. The act of seeing is disturbing in Thomas Werner's painting. We can see but we cannot distinguish. Going beyond the rst light or dark layers to discover the depths of light or the deposits of hidden paint is to encounter a genuinely pleasant universe of tricks and suggestions. Ultimately, between bright paint and luminous colours, between rough jute canvases and veiled watercolours, a form of painting appears that is constructed around its contradictions, its irregularities, its zones of calm and momentum... a phenomenological form of painting that is transformed into a anêur's journey among the crowds. Di erent rhythms and discrepancies, cold and heat that make of his painting a stimulating to-and-for motion.

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Thomas Werner - 'End of the Cool' (13/12/2014 - 14/01/2015)
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Thomas Werner - sin título (2014)
témpera sobre yutelintempera on jute - 70 x 60 cm
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Thomas Werner - sin título (2014)
témpera sobre yutelintemprera on jute - 70 x 60 cm
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Thomas Werner - sin título (2014)
témpera sobre yutelintempera on jute - 70 x 60 cm
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2014 - sin título (2014)
témpera sobre yutelintempera on jute - 70 x 60 cm
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Thomas Werner - sin título (2014)
témpera sobre yutelintempera on jute - 90 x 80 cm
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Thomas Werner - sin título (2014)
témpera sobre yutelintempera on jute - 160 x 135 cm
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Thomas Werner - sin título (2014)
témpera sobre yutelintempera on jute - 90 x 80 cm
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Thomas Werner - Le dragon chinois (2014)
témpera sobre yutelintempera on jute - 200 x 170 cm
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Thomas Werner - sin título (2014)
témpera sobre yutelintempera on jute - 70 x 60 cm
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Thomas Werner - sin título (2014)
témpera sobre yutelintempera on jute - 80 x 90 cm
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Thomas Werner - sin título (2014)
acuarela sobre papelwatercolor on paper - 52 x 38 cm
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Thomas Werner - sin titulo (2014)
acuarela sobre papelwatercolor on paper - 52 x 38 cm
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Thomas Werner - sin título (2014)
acuarela sobre papelwatercolor on paper - 52 x 38 cm
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Thomas Werner - sin título (2014)
acuarela sobre papelwatercolor on paper - 52 x 38 cm